jueves 24 de septiembre de 2009

Lo esencial y lo accesorio

En La Opinión del martes, Ángel Montiel se me adelantó con un artículo titulado El fondo y las formas, donde viene a decir lo mismo (y más, y mejor) que yo en esta entradilla de blog, que tenía a medio escribir desde agosto. Para colmo, ayer se me cascó un archivo con un artículo casi terminado sobre la segunda descentralización (algunas propuestas que hacía eran tan rompedoras, que han acabado rompiendo el archivo informático). Llevo diez días sin publicar nada, mucho para cualquier bloguero que se preste. Así que os dejo esta reflexión sobre lo que considero esencial y accesorio en la lucha contra la corrupción.
Tratándose de corrupción propia, el mensaje que está trasladando el PP en los últimos meses viene a ser «ante la duda, no investiguen». Una idea peligrosa, porque perseguir solamente delitos flagrantes o evidentes en el ámbito de la gestión pública garantizaría a los políticos grandes espacios de impunidad. A la dificultad de probar estas conductas (los tratos de favor casi siempre se realizan mediante procedimientos administrativos formalmente ajustados a la legalidad) habría que añadir la inhibición de policías, fiscales y jueces temerosos de dañar el honor de los políticos investigados y de ser incluidos en oscuras tramas del Gobierno para aniquilar a la oposición. Pero la labor de policías, fiscales y jueces no puede limitarse a perseguir delitos flagrantes o evidentes; deben investigar también aquellos que se sospechan a partir de indicios. Y llegado este punto, conviene recordar que aquello de «la mujer del César…» sigue vigente para los políticos, a quienes conviene ahorrarse el clásico «no es lo que parece, puedo explicarlo». Aceptar regalos de un tipo como El Bigotes es, como mínimo, una temeridad política. Aunque luego te salve el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana con una interpretación jurídica traída por los pelos y adoptada por un juez con quien te une una «íntima y sentida relación». De igual modo, si una obra pública acaba costando el doble de lo presupuestado inicialmente, y además aparecen otros indicios… ¿hay que dejarlo pasar? Ante la duda hay que investigar. Y si la duda se despeja o simplemente persiste sin confirmarse, entonces absolver. Si en ese proceso se cometen excesos a la hora de practicar detenciones o filtrar datos declarados bajo secreto, que se depuren responsabilidades y se sancione a quien corresponda. Pero los excesos en lo accesorio no pueden ser excusa para deslegitimar la investigación de lo sustancial. Como dice Montiel, quienes pretenden tapar la corrupción con pretextos formales participan inevitablemente en ella.